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El temible aprendizaje – Parte 2

Continuando con la segunda parte de mi post anterior, os diré que efectivamente no hubo ninguna salida conjunta para hacer fotos. Ni una. Sí que nos encomendaron una especie de deberes, como si se tratara de una clase de primaria, donde nos invitaron de manera personal y concreta a realizar una serie de ejercicios y posteriormente ver y comentar los resultados obtenidos. Evidentemente, los resultados fueron penosos. Si estás realizando un trabajo de manera seria por primera vez, creo que es de vital importancia tener a alguien al lado que te vaya guiando correctamente en el momento de realizar la toma fotográfica. Si no es así, vas a ciegas, no tienes suficiente seguridad en ti mismo y acabas desmoralizado al ver los resultados. Cuidado, estoy hablando de la época analógica, nada de cámaras digitales ni nada parecido, sin poder comprobar el resultado de la fotografía en el mismo momento de hacerse ni poder visualizar el histograma, todo ello vino años más tarde.

Como decía, creo de vital importancia el hecho de contar con el profesor no sólo en las clases teóricas, sino también en las prácticas. Y es allí donde descubriremos si el maestro se merece realmente el nombre de maestro. Un profesor de fotografía, por encima de todo debe ser una persona que te enseñe simplemente a mirar. Es muy fácil decirlo, pero muy complicado conseguirlo. Mirar e interpretar, mirar y sentir, mirar y conseguir el objetivo que buscamos. Hacer fotos no es fotocopiar la realidad, no es creer que la cámara es un espejo, ni tampoco es querer ser objetivo con nuestro entorno. Debemos ser incorruptibles en este aspecto, nadie puede mirar de la misma manera que nosotros mismos, somos únicos y eso es un precioso regalo de la naturaleza que gracias a la fotografía podemos plasmar en un simple soporte como un papel fotográfico.

Pues de eso, en la escuela de fotografía, nada de nada. Nada. Venga, todos a obedecer sin contemplaciones lo que se nos ha dicho que debe hacerse de la manera que nos tenemos que creer que debe hacerse. Ninguna posibilidad de innovar, ni de criticar. Todos como borregos uno tras otro fotografiando las mismas escenas creadas artificialmente en el estudio con una velocidad y exposición dadas, venga, todos a perder el tiempo! ¿Y cuál es el resultado? Veinte fotos exactamente iguales, ningún tipo de variación ni de interpretación de la realidad. Y como comenté en la primera parte, pobre de ti que propongas nada mínimamente novedoso.

Todavía había una clase en la que conservaba una mínima esperanza, el laboratorio fotográfico. Un laboratorio no es más que un lugar donde se realizan experimentos e investigaciones, por lo tanto también creía que el trabajo en un laboratorio fotográfico no debía ser tan absolutamente rígido como en las otras disciplinas. Como no, estaba equivocado. Quiero dejar clara una evidencia: Cualquier proceso de aprendizaje requiere una determinada base, una serie de instrucciones precisas y constantes para así poder dominar plenamente lo que estamos haciendo. Pero una vez hemos alcanzado un determinado nivel de conocimientos y práctica, creo fundamental como he dicho anteriormente, dejar volar la imaginación el máximo posible y hacer caso únicamente de nuestros deseos e intuiciones. Lógicamente hay que saber dominar los instrumentos del laboratorio, los tiempos, los químicos, el material sensible, etc… Pero cuando todo esto lo tenemos asumido, no quiero seguir por el camino habitual si no me apetece. Por poner un ejemplo, si le hago unas fotos a mi prima el día de la primera comunión y quiero que el resultado sobre el papel parezcan fotografías realizadas por Man Ray en su época más surrealista, qué problema hay? Seguramente a sus padres no les hará mucha gracia y estoy convencido de que no colgarán las fotos en el comedor de casa, pero habré logrado crear algo novedoso, habré experimentado y habré cometido decenas de errores, que es de lo que se trata.

Otra vez, no hubo suerte. Según nuestro profesor de laboratorio, las copias en blanco y negro siempre tenían que ser lo más ajustadas posible al negativo, que fueran una brillante copia de la realidad. Evidentemente, tuvimos nuestro pequeño enfrentamiento. Personalmente, el blanco y negro me gusta muy contrastado, con relativamente pocos matices, que la fotografía desprenda una determinada violencia. Si hay partes de la foto con los blancos quemados no me molesta, y si hay partes más oscuras que no han retenido mucho detalle, mejor aún, es así como yo lo veo y es así como me gusta. Tampoco hubo manera que nos entendiéramos, y lo curioso del caso es que ese mismo profesor de laboratorio era de los que se dejaría cortar una mano antes de decir que la fotografía no es arte. Curioso.

Y prácticamente en todas las disciplinas se siguieron las mismas pautas, nada cambia, todo se queda en el mismo lugar, tu obtienes un título y nosotros cobramos. Nada fue como yo me lo esperaba, ni mucho menos. Todo el plan de estudios se basaba en verdades sólidas como rocas que nadie era capaz siquiera de arañar, eso sí, que la fotografía es arte lo repetían constantemente. Fuera cual fuera la disciplina, el objetivo primordial era instaurar por decreto el pensamiento único.

Podría seguir explicando largamente mis aventuras y desventuras en el aprendizaje fotográfico, pero no quiero que este post quede simplemente en una recopilación de anécdotas, casi todas negativas. El curso se acabó, aprendí muy poco y para ser totalmente sincero, necesité varios meses alejado de cualquier contacto con la fotografía. Preferí hacer un reset y una buena limpieza mental antes de volver a coger una cámara. Puede parecer exagerado, pero os aseguro que fue así.

Para terminar, me gustaría hacer unas observaciones que pueden ser de ayuda a los recién llegados a la fotografía que quizás se están pensando en asistir a una escuela donde se impartan estas enseñanzas. Y sigo diciendo, todo bajo una óptica personal y totalmente subjetiva, quien lo quiera recoger y aplicar, adelante, a los que no, les deseo mucha suerte, la necesitarán.

La fotografía se basa en el poder de la observación, no en la aplicación de la tecnología. La cámara que utilices tiene una importancia más que relativa, evidentemente que la tecnología ayuda, pero no sirve para crear buenas fotos si la luz, el lugar o las condiciones no son las idóneas.

Olvida la técnica. La fotografía tiene que salir de tu interior, no la tienes que esperar. El ser humano no se basa en complicadas e inútiles combinaciones numéricas ni en los ajustes de la cámara, los humanos nos basamos en sentimientos, intuiciones y sensaciones y la técnica lo único que provoca es la creación de miles y miles de fotografías idénticas.

Tranquilidad, calma. Si hoy la luz no es buena, espera a mañana o hasta el próximo año. No tengas ninguna prisa en obtener un resultado mediocre, espera el tiempo que sea necesario para obtener un gran resultado.

Apasiónate en lo que haces. Si piensas que podrías estar en cualquier otro lugar en el momento de hacer una fotografía más vale que lo dejes y vuelvas a casa. Concéntrate en tu objetivo, olvida el resto, no es importante, no existe.

Lo que importa es el resultado. De la manera que hayas llegado a él tiene una importancia relativa, por no decir peligrosa. Peligrosa porque si has obtenido una buena fotografía querrás seguir ese camino victorioso contínuamente, y sólo conseguirás resultados repetitivos y mediocres. Una gran fotografía es habitualmente el resultado de combinaciones únicas e irrepetibles. Deja volar la imaginación siempre que puedas, cambia pequeños detalles poco a poco. No hagas las cosas de la misma manera dos veces seguidas.

Habla y discute, pero no en exceso. Es muy bueno poder intercambiar opiniones con otros fotógrafos, te pueden ayudar mucho en encontrar tu camino y darte muchos buenos consejos. Pero aléjate de quien sólo te habla de cámaras y técnicas, estos son fotógrafos de sofá y no te aportarán nada positivo.

No existe lo correcto o lo incorrecto. Lo único que existe es tu firme decisión en hacer la foto como tú has querido hacerla. Olvida las críticas, sí, olvídalas. Sólo sirven para cambiar tu opinión si no estás seguro de ti mismo.

Edita tus fotos de manera agresiva. Si has vuelto a casa con cien fotos y sólo de una estás plenamente satisfecho, esa es la que vale, el resto a la papelera.

Sólo necesitas una cámara y un par de objetivos. No vayas cargado con gran cantidad de ópticas, flashes, filtros o trípodes. Si realmente crees que en un momento determinado necesitas una herramienta que no has llevado contigo, vuelve mañana con esa herramienta, pero nada más.

No hagas demasiado caso de los gurús, expertos, profesores o personas que “saben mucho”. Hazte caso a ti mismo. Busca dentro de ti y si crees sinceramente que el resultado de una fotografía es bueno, sin ninguna duda lo es.

La fotografía será lo que tú quieras que sea.

Fotografía en miniatura de portada: McCall Magazine. Night before Xmas

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  1. El temible aprendizaje – Parte 1
  2. Totalmente de acuerdo

2 Comentarios

    la putada de esta forma de funcionar de la escuela es que todo tiende a lo superficial, y mucha gente aun en el caso de que se tope con un profesor que les enseñe mas alla de la tecnica, a contemplar, a sentir, a aprender de ti mismo. simplemente no se lo creen. La forma de enseñar hasta el momento a sido, como la sociedad donde vivimos, tan superficial y material que no puede sacarnos de nuestras casillas.

    “que si esta loco”, “que si se le va la olla”, etc…

    somos así de capullos ( perdon por la palabra pero no se me ocurre nada mas adequado) por suerte hay gente que se da cuenta rapidamente y otros como yo que despues de unas cuantas “sacudidas de conciencia” reacionamos del adormilamiento.

    Saludos!

  • Efectivamente Jaume. Debido a esta superficialidad que comentas, muchos alumnos no consiguen crear fotografias a partir de las sensaciones, y son incapaces de hacer nada que no hubiera estado previamente planificado o estudidado. Yo he visto alumnos con miedo a hacer las cosas de manera diferente, repito miedo. A estar completamente bloqueados cuando se les propone un paso adelante, un reto o algo diferente. La enseñanza de la fotografia no debe ser un curso de mecanografia, debe ser un espacio libre, de investigación y creación, de errores, y sobretodo que pretenda que cada alumno pueda pensar y mirar por sí mismo. Gracias por comentar Jaume.

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